Concept: Reinterpretando señales sobre el tablero

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Concept: Reinterpretando señales sobre el tablero
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Los juegos de mesa empiezan a convertirse en productos deseables y respetados por la mayoría, dejando de estar asociados a la infancia e integrándose poco a poco con una aceptación hasta ahora desconocida.

Hay multitud de juegos de gestión, sesudos, de ambientaciones muy bien llevadas o de mazmorreo, sin olvidarnos de los juegos de cartas de toda la vida (y de sus nuevas versiones) y de los que nacen de la más incomprensible abstracción.

Existe un poco de todo y para todos, pero la norma es que la mayoría de los mismos resulten atractivos, ya sea por su complejidad o sencillez, para determinados segmentos de jugadores. A mi, a título personal, me fascinan esos juegos que encajan en cualquier lugar, que están pensados para explicarse en apenas unos minutos y que aun con ello poseen un diseño digno del mejor de los maestros.

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Concept, el juego que hoy nos ocupa, podría catalogarse de brillante, por su extrema sencillez y por lo intuitivo y divertido de su propuesta: Un tablero a rebosar de pequeños dibujos (conceptos), un mazo de cartas y unos símbolos que servirán para marcar las pistas que creamos oportunas.

Se juega por equipos (aunque nada impide que se pueda disfrutar de manera individual), se toma una carta y se elige una palabra o frase (un concepto, un animal, una película…) de las que incluye el naipe en cuestión. Estas se encuentran dividas en tres dificultades (cada carta incluye nueve palabras, repartidas entre estas tres categorías). Una vez elegida la palabra, se observa el tablero, compuesto por indicativos de colores, de formas o de diversos conceptos (ficción, realidad, hombre, mujer, rápido, lento, frío, alto, ancho…) y se eligen los que creemos que servirán para que el equipo contrario/jugador acierte.

Por ejemplo: elegimos la palabra abeja (esta sería bastante sencilla) y colocamos un indicador de pista sobre el concepto “animal/insecto”, otro sobre el color negro y otro sobre el color amarillo, uno más sobre la imagen de “pequeño” y finalizamos con un último indicador sobre la representación de “volar”…animal/insecto, pequeño, negro y amarillo, volador…es fácil llegar a la conclusión real.

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Eso sí, no todos los conceptos son tan sencillos de dar a entender o de adivinar, y en esto juega mucho la imaginación de los presentes. Lo fascinante es esa simpleza y esa mecánica que sirve para que puedan disfrutar niños y mayores, y que permite que al minuto de ponerlo sobre la mesa todo el mundo lo entienda a la perfección.

Puntuamos según vamos acertando y una vez definida la duración de la partida (todas las cartas, medio mazo, el primero que acierte cinco veces…lo que se quiera) nos ponemos en marcha hasta llegar al objetivo.

Es bonito, original, inteligente, barato (es fácil encontrarlo por apenas 25€) y sumamente divertido. Es de esos juegos de mesa que yo consideraría obligatorio para cualquiera que desee tener algún juego válido para cualquier tipo de público.

Es fantástico, sin más, y acabo diciendo que fue finalista en los Spiel des jahres de 2014 (los Oscar de los juegos de mesa) y que acumula más de 10 premios internacionales como juego del año. Con esto queda dicho todo.

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