Hablemos de retro: Norht & South – sana locura

Hablemos de retro: Norht & South – sana locura
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En 1989 aparecía, para los sistemas Amiga y Atari ST, un juego de esos que terminan por convertirse en leyenda, gracias a un derroche de simpatía sin igual y a un estilo de gameplay rematadamente divertido: North & South.

Infogrames nos regalaba ese año un juego parido visualmente por algunos de los más talentosos artistas que poseía Dupuis, editorial belga sumamente famosa por publicaciones del tipo Lucky Luke y Spirou (entre muchas otras).

La compañía ya había trabajado en otras producciones cómicas del mismo estilo, pero nunca abordando el proyecto desde el punto de vista de la estrategia…por llamarlo de alguna forma. Y es que North & South, además de estar inspirado en la genial historieta Les tuniques Bleues (nacida en los 70), quería ser un juego cuya pretensión era la de coquetear con un género bastante extraño a la hora de llevar una comedia.

Se trataba de un juego por turnos en el que cada bando, norte y sur, realizaba sus movimientos con la meta de ocupar territorios enemigos, eliminar a las tropas rivales o hacerse con lugares estratégicos, como el puerto de Carolina o las zonas adyacentes al recorrido del ferrocarril.

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Estos últimos otorgaban suministros de tropas (en el caso de la zona portuaria) y mayor recaudación (en la del ferrocarril), ya que tras cada dos turnos pasaba el tren y eso significaba llenar la caja fuerte. A más zonas conquistadas más bolsas de dinero, y mayor número de estas se traducía en nuevos regimientos a utilizar.

No se trataba de un juego sesudo, y era bastante evidente por dónde había que tirar para arañar más recursos. Lo importante, en realidad, y lo más mítico de este juego, era la forma elegida para luchar contra el oponente.

Podíamos jugar a solas o contra otro player, caso en el que el juego se volvía mucho más interesante, y en cuanto que movíamos uno de nuestros soldaditos sobre la zona en la que se encontrase otro del enemigo, comenzaba el verdadero espectáculo:

Infantería, caballería y artillería. Con una pulsación cambiábamos entre las tres, y cada una tenía su aquel. Los soldados de a pie eran lentos, pero cubrían un espacio de fuego bastante amplio (podíamos elegir entre varias formaciones diferentes), los jinetes eran más rápidos, pero no podían detenerse, y los cañones tenían limitado el movimiento, pero llegaban con sus disparos hasta la otra punta del escenario.

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Eran enfrentamientos muy rápidos, que requerían del cambio constante entre unidades y que tenían que medirse bien, como en el caso de la artillería y su necesidad de tiempo de carga ante cada nuevo ataque. Arcade puro una vez a los mandos, pero sin renegar de un tipo de estrategia “relámpago” que podía conceder la victoria.

En estos escenarios de batalla se daban pequeños cambios que influían bastante a la hora de atacar: un único puente en mitad de la zona de combate, árboles en determinada posición, rocas para
cubrirse… podían aparentar ser simples adornos, pero bien empleados resultaban en valiosos recursos. Otra interacción 100% arcade se daba cuando intentábamos conquistar una bandera enemiga, dando comienzo a un minijuego de desplazamiento horizontal en el que teníamos que llegar a la meta a contra reloj, mientras que perros, soldados controlados por el jugador rival y saltos y explosivos pretendían frenarnos.

Muy similar, aunque sobre un tren en marcha, era la fase que se daba cuando saqueábamos el ferrocarril.Tormentas que impedían mover a las tropas que estuviesen bajo su influencia, indios que aleatoriamente lanzaban un ataque demoledor sobre las tropas, un mexicano que de vez en cuando nos destruía con sus bombas…el factor suerte importaba también, y estos otros añadidos así lo demostraban.

Lo bueno es que las partidas se podían enfocar desde un punto de vista u otro: a saco con el arcade o con calma en plan estrategia ligera (es más, el juego posee un modo en el que los enfrentamientos los resuelve la IA, si así lo queremos). Es por eso que algunos enfrentamientos se resolvían en apenas 10 minutos, mientras que otros se alargaban bastante más.

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Música sensacional, gráficos bien bonitos para la época y mucho colorido. No se podía pedir más.En definitiva, North & South es uno de los mejores juegos de 16 Bits para dos jugadores, uno de los títulos estrella de Amiga y todo un imprescindible para el coleccionista de abultada cartera, ya que conseguir una copia original, en según qué condiciones, puede suponer un desembolso superior a los 300€.

El port para DOS y para NES es bastante recomendable, aunque algo distante en calidades gráficas y, principalmente, sonoras. El resto de versiones, para ordenadores de 8 Bits, se distancian aun más, aunque siguen teniendo su punto molón.

Es un título que ha sido re-visionado en un par de ocasiones, para PC y dispositivos móviles, sin llamar demasiado la atención pero con versiones bastante respetuosas (y llenas de nuevos minijuegos). Aun sin ser tan mítico, os recomiendo buscar The Blucoats: Norh & South, que es la mejor revisión moderna y existe para compatibles. Nada como el original, vaya por delante, pero no está mal.

Por cierto: seguro que ningún usuario se olvida del pellizco al cámara del menú…una tontuna de esas que provocan divertidos recuerdos.

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