Colossal: Vigalondo, Kaijus y drama.

Colossal: Vigalondo, Kaijus y drama.
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Que Nacho Vigalondo es un gran director, es algo que nadie debería dudar, pero que su última obra es un extraño experimento a medio gas…tampoco.

Sí, es fácil recorrer la basta red y encontrarse con críticas fantásticas que aupan y aplauden a “Colossal” hasta cimas un tanto exageradas, al igual que resulta sencillo leer un sin fin de virtudes sobre alegorías y otras re-interpretaciones que, en realidad, recaen sobre el espectador y en ningún momento quedan claras o saben justificarse dentro de la pantalla.

Porque este es el problema: querer explicar algo inexplicable, o justificar de forma poco creíble lo increíble, es el defecto que la mayoría ha pasado por alto.

Dos protagonistas, cada uno con sus dilemas, miedos y personalidades, que se reunen tras muchos años por circunstancias de la vida. Entre ambos, un problema que se arrastra desde la infancia (uno absurdo, desde el punto de vista visual y narrativo, por lo vago que resulta).

Alcohol, celos, miedo al fracaso, egos desproporcionados…mucho de esto como trasfondo, convertido en criaturas gigantes que representan estas taras y convierten a un film de “Kaijus” en algo más fresco de lo normal (en este sentido la película puede contemplarse de forma positiva), pero que termina por justificarse mediante sucesos pasados que parecen pensados sin más, sin buscar mejores opciones o añadiendo una explicación que rompe con el conjunto.

No es Godzilla, he de dejar bien claro, sino la mezcla entre una de estas y el drama que viven dos personas comunes con problemas habituales…y la combinación es fresca, que sí, pero falla por querer resultar lógica y por hacerlo mediante un absurdo superior al que el propio género utiliza de forma sublime.

Al final, y siento ser negativo, Colossal acaba siendo un fracaso por querer explicar demasiadas cosas, por evidenciar de forma equivocada lo que sucede y por no entender el drama o la ciencia ficción. Retales de ambos géneros, retales demasiado sencillos.

Anne Hathaway y Jason Sudeikis (los dos actores protagonistas) están sublimes, pero no logran salvar el descalabro narrativo y la mixtura imperfecta de una película simple que quiso ser complicada sin conseguirlo.

Os “entretendrá”, pero este término es lo más gris que puede decirse de cualquier tipo de entretenimiento.

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